Chant of Deceit

2. Peste

Resumen de la partida:
Mientras navegan hacia Britania, Dave es noquado por Grey y abandonado a su suerte en un bote en mitad del mar, con unos pocos víveres y una pistola con una sola bala. Mientras Wind, sin darle mayor relevancia llega al puerto de Isgrei.

Al poco de atracar observan como un barco de guerra Orco en llamas se dirige hacia el puerto sin intención de parar, ahí, Darûk, el único superviviente, decide que es mejor saltar del barco para salvar su vida. Mientras, Wind intenta evitar que el barco choque, sin embargo, acaba haciendo que choque contra el barco de Grey, acto seguido salva a Darûk de morir ahogado.

Justo después han de presenciar como la Peste arrasa con la ciudad y como los infectados son ejecutados por el lord comandante Lore Shepherd. Tras un intento de asesinato contra Sepherd Wind decide perseguir a los asesinos encontrándose con toda una red de asesinos por los derechos de los infectados que les capturan a él y a Darûk, despojándole de las cosas y obligandoles a ir a por Lore.

Tras intentar colarse silenciosamente en la fortificada mansión del Lord Comandante, son descubiertos y atacados por cientos de guardias. Finalmente se descubre que no eran tantos y que la mayoría eran producto de una ilusión. Al entrar en la casa descubren al guardián final de las puertas, un autómata de vapor que les ataca ferozmente. Finalmente, con la colaboración de Darûk y Wind el autómata es destruido y Lore se enfrenta a ellos con lo que parece ser un sol en la mano.

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1-. Escape

Resumen de la partida: Dave Strider, Wind Coen y otros criminales se encuentran en un juicio ante el inconfundible Ziro Maccerato tras ser capturados. Sin embargo, los Jinete de Dragón atacan Sarelia, donde el juicio se celebraba.

Ésta ocasión fue aprovechada por Grey McGee y su banda para rescatar a su rival, Dave Strider y de paso a Wind y los demás.

Tras una huida milagrosa, Wind y Dave unen fuerzas para derrotar a la guardia y a un golem de roca invocado por un joven y ágil mago de tierra que se les escapa por milímetros. Finalmente, tras evitar por todos los medios a Maccerato llegan a los puertos donde aguarda el barco de Grey en el cual embarcan ambos desafortunados hombres.

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Prologo

Una figura encapuchada avanza por el seco prado. Su espada se halla teñida de rojo, una espada fina y ágil. La figura levanta la cabeza, dejando ver algo de su rostro. Era un chico guapo, con el pelo blanco, señal de ser un mago de luz puro. A lo lejos, en mitad del prado, el cuerpo de una niña de ocho o nueve años yace tendido sobre un circulo de sangre que tinta la hierva seca como si de un lienzo y pintura roja se tratase.

La figura se desploma ante la visión, sus manos tiemblan, sus rodillas se clavan en el frío suelo y sus puños golpean la tierra con todas sus fuerzas. Por suerte los guantes amortiguan cada golpe, sin embargo, aunque no lo hubiese hecho él seguiría golpeando.

Sus lagrimas resbalan por su cara, sus ojos, tan rojos como la sangre de aquella niña, se encuentran llenos de furia e impotencia. Ha luchado todo lo que ha podido por ella y aun así… no pudo hacer nada, era invitable, el Legado había muerto y él era el último mensajero.

Tras de sí otra encapuchada figura comienza a acercarse, su máscara impide toda posibilidad de reconocerle y sin embargo, todos sabrían quien es: El Revanchista. Él, por cuya mano murieron todos sus compañeros, por cuya mano murió El Legado…

  • Vamos Leith, no es tan horrible, piensalo bien, en el fondo le he hecho un favor… imagina que esa pobre e indefensa niña tuviese que vivir en los últimos días de este mundo… -Dice, con su voz suave pero a la vez grave_. Habría sido horrible para ella.
  • ¡Callate Revan!¡Muerdete tu maldita lengua de serpiente y envenenate con tu asqueroso veneno! -Leith grita con todas sus fuerzas_. ¡¡La has matado!!
  • Y tú no me has parado amigo mio, no has sido capaz. Has de admitirlo -Hace una pequeña pausa y se acerca al oído de Leith que aun se encontraba de rodillas_ no eres nada, eres la vergüenza de los mensajeros. Un pobre niñato débil -Pronuncia cada palabra con detenimiento, haciendo calar más el mensaje.

Sin pensarlo dos veces, el mensajero se da media vuelta y ataca ferozmente con su espada, que brilla con una luz superada solo por la de mil soles en combustión. La espada roza la máscara de Revan, haciendo un corte profundo en la misma, Revan no se esperaba la reacción y, si se la esperaba, no intentó esquivar el golpe.

Revan miró desafiante a Leith, sin embargo un segundo golpe más feroz impacta en su pecho, segundo golpe que Revan no intenta esquivar. El mensajero golpea con fiereza, cada golpe hace un corte profundo en la armadura de Revan, dejando escapar en ocasiones unas pocas gotas de sangre, indicando que había cortado realmente a Revan.

La espada cada vez brilla con más fuerza, ciega a cualquier criatura que la mire… pero no a Revan, Revan no es cualquiera, es el Revanchista, se ha enfrentado a cosas muchas peores.

Sin que Leith se lo espere, levan levante suavemente la mano derecha y, sin esfuerzo alguno, para el vigésimo cuarto golpe de Leith. Mientras agarra con fuerza el filo de la espada, de su otra mano surge una espada, una espada negra y roja sangre. Con un movimiento rápido empala el pecho de Leith sin esfuerzo alguno y, la zona que rodea la herida comienza a ennegrecerse…

El dolor se hace presa de su cuerpo, su vista se nubla y unas últimas lágrimas caen de sus ojos… comienza a llover, las gotas acarician su cara mientras exhala sus últimos alientos de vida. Comienza a toser y la sangre que sale de su boca es negra. El rojo de sus ojos llenos de rabia desaparecen para dejar pasar a un triste blanco que indica que ha llegado el final, Revan ha ganado…

Sus rodillas se vuelven a clavar en el suelo, y Revan comienza a irse. Leith se arrastra como puede, hasta el cadáver de el Legado, Amelia era su nombre… Cuando está a su lado, acaricia su pelo caoba y susurra unas palabras.

  • He fallado… lo siento hermanita.

Finalmente sus ojos comienzan a cerrarse y, con sus últimas fuerzas logra oir una canción… una canción hermosa, que nadie jamás podría igualar… un engaño… o más bien su cantico… pues el cántico del engaño ha sido entonado.

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