Chant of Deceit

Prologo

Una figura encapuchada avanza por el seco prado. Su espada se halla teñida de rojo, una espada fina y ágil. La figura levanta la cabeza, dejando ver algo de su rostro. Era un chico guapo, con el pelo blanco, señal de ser un mago de luz puro. A lo lejos, en mitad del prado, el cuerpo de una niña de ocho o nueve años yace tendido sobre un circulo de sangre que tinta la hierva seca como si de un lienzo y pintura roja se tratase.

La figura se desploma ante la visión, sus manos tiemblan, sus rodillas se clavan en el frío suelo y sus puños golpean la tierra con todas sus fuerzas. Por suerte los guantes amortiguan cada golpe, sin embargo, aunque no lo hubiese hecho él seguiría golpeando.

Sus lagrimas resbalan por su cara, sus ojos, tan rojos como la sangre de aquella niña, se encuentran llenos de furia e impotencia. Ha luchado todo lo que ha podido por ella y aun así… no pudo hacer nada, era invitable, el Legado había muerto y él era el último mensajero.

Tras de sí otra encapuchada figura comienza a acercarse, su máscara impide toda posibilidad de reconocerle y sin embargo, todos sabrían quien es: El Revanchista. Él, por cuya mano murieron todos sus compañeros, por cuya mano murió El Legado…

  • Vamos Leith, no es tan horrible, piensalo bien, en el fondo le he hecho un favor… imagina que esa pobre e indefensa niña tuviese que vivir en los últimos días de este mundo… -Dice, con su voz suave pero a la vez grave_. Habría sido horrible para ella.
  • ¡Callate Revan!¡Muerdete tu maldita lengua de serpiente y envenenate con tu asqueroso veneno! -Leith grita con todas sus fuerzas_. ¡¡La has matado!!
  • Y tú no me has parado amigo mio, no has sido capaz. Has de admitirlo -Hace una pequeña pausa y se acerca al oído de Leith que aun se encontraba de rodillas_ no eres nada, eres la vergüenza de los mensajeros. Un pobre niñato débil -Pronuncia cada palabra con detenimiento, haciendo calar más el mensaje.

Sin pensarlo dos veces, el mensajero se da media vuelta y ataca ferozmente con su espada, que brilla con una luz superada solo por la de mil soles en combustión. La espada roza la máscara de Revan, haciendo un corte profundo en la misma, Revan no se esperaba la reacción y, si se la esperaba, no intentó esquivar el golpe.

Revan miró desafiante a Leith, sin embargo un segundo golpe más feroz impacta en su pecho, segundo golpe que Revan no intenta esquivar. El mensajero golpea con fiereza, cada golpe hace un corte profundo en la armadura de Revan, dejando escapar en ocasiones unas pocas gotas de sangre, indicando que había cortado realmente a Revan.

La espada cada vez brilla con más fuerza, ciega a cualquier criatura que la mire… pero no a Revan, Revan no es cualquiera, es el Revanchista, se ha enfrentado a cosas muchas peores.

Sin que Leith se lo espere, levan levante suavemente la mano derecha y, sin esfuerzo alguno, para el vigésimo cuarto golpe de Leith. Mientras agarra con fuerza el filo de la espada, de su otra mano surge una espada, una espada negra y roja sangre. Con un movimiento rápido empala el pecho de Leith sin esfuerzo alguno y, la zona que rodea la herida comienza a ennegrecerse…

El dolor se hace presa de su cuerpo, su vista se nubla y unas últimas lágrimas caen de sus ojos… comienza a llover, las gotas acarician su cara mientras exhala sus últimos alientos de vida. Comienza a toser y la sangre que sale de su boca es negra. El rojo de sus ojos llenos de rabia desaparecen para dejar pasar a un triste blanco que indica que ha llegado el final, Revan ha ganado…

Sus rodillas se vuelven a clavar en el suelo, y Revan comienza a irse. Leith se arrastra como puede, hasta el cadáver de el Legado, Amelia era su nombre… Cuando está a su lado, acaricia su pelo caoba y susurra unas palabras.

  • He fallado… lo siento hermanita.

Finalmente sus ojos comienzan a cerrarse y, con sus últimas fuerzas logra oir una canción… una canción hermosa, que nadie jamás podría igualar… un engaño… o más bien su cantico… pues el cántico del engaño ha sido entonado.

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Lambda

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